Mi promesa a los niños y las niñas

Robert J. Burrowes

Traducción: Antonio Gutiérrez Rodero <tradservice17@gmail.com>

Cada día, humanos adultos matan a cincuenta mil niños y niñas. Los matan en la guerra. Los matan con drones. Los matan en sus casas. También, gran cantidad de niños y niñas mueren de hambre en África, Asia, Centro y Suramérica por causa de la violencia militar librada para mantener un sistema ‘económico’ que en lugar de recursos para vivir, asigna recursos para armas militares, así como beneficios corporativos para los ricos.

Aparte de esos niños y niñas que mueren cada día, muchos otros son vendidos a la esclavitud sexual, o secuestrados para aterrorizarlos al convertirlos en niñas y niños soldados, otros son obligados a trabajar como esclavos, en condiciones horrendas, en campos y fábricas (y compramos baratos los productos de su trabajo explotado como “gran ganga”), mientras millones de ellos son condenados a vivir en la pobreza, sin una vivienda digna y en la miseria. Muchos niños y niñas nacen con grotescas deformidades genéticas por el uso de armas horribles, como las contaminadas con uranio empobrecido, contra sus madres y padres. También, contra los niños y las niñas se inflige violencia de muchas otras formas que van desde la violencia doméstica “común” hasta la mutilación genital. Y gran número de niños y niñas son encerrados en escuelas por la creencia delirante de que eso es bueno para ellos. Véase (inglés): “¿Queremos escuela o educación?” Cualquier otro daño que la escuela haga, ciertamente ayudará a crear la próxima generación de destructores de niños y niñas.

A pesar de todo lo anterior, los adultos todavía mantenemos la ilusión de que los humanos amamos a nuestros niños y niñas, y de ser civilizados. ¡Abrumador!

Si bien la comunidad internacional ha hecho algún esfuerzo por reconocer que los humanos jóvenes tienen necesidades, véase por ejemplo la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, hasta ahora ese esfuerzo no ha logrado identificar, y por lo tanto tampoco abordar significativamente la razón principal por la que hoy ningún niño en el mundo tiene satisfechas sus necesidades principales. Esta falla garantiza que finalmente fracasen todos los demás esfuerzos para preservar y mejorar la vida, tal como lo ilustra gráficamente nuestra prisa hacia la extinción.

¿Cómo podría decirlo? Consideren esto: El hombre que inflige violencia a las mujeres fue violentado durante su infancia. La persona blanca que inflige violencia a las personas de color fue maltratada en la infancia. El patrono que explota a los trabajadores fue dañado durante su infancia. La persona que respalda la violencia estatal infligida a los pueblos indígenas sufrió maltrato durante su infancia. El terrorista, el líder político que libra la guerra y el soldado que mata en nuestro nombre sufrieron violencia en su infancia. Toda persona que apoye estructuras de violencia (como el sistema militar, policial, legal y penitenciario) sufrió daños durante su infancia. La persona que apoya las estructuras de explotación (como el capitalismo y el imperialismo) sufrió daños cuando era niño o niña. La persona que participa sin pensar en la destrucción del medio ambiente natural también fue dañada durante su infancia.*

La violencia no “sucede al azar”. La violencia es perpetrada por individuos dañados, incluyéndonos nosotros mismos, o está integrada en estructuras políticas, sociales y económicas mediante individuos dañados; como nosotros mismos. Entonces tenemos la opción de asumir la responsabilidad de sanar el daño que nos han hecho, y aceptar la responsabilidad de poner fin al origen de toda esta violencia: La violencia que los adultos infligimos a los niños y las niñas; o podemos seguir engañándonos con que es otra la causa de la violencia en nuestro mundo y dedicando más esfuerzos erróneos para enfrentarla.

Toda violencia es resultado de “violencia visible”, “violencia invisible” o de “violencia completamente invisible” infligida por los adultos contra los niños y niñas. Consulte (inglés) “¿Por qué la violencia?” Y “Psicología sin miedo y Psicología del miedo: Principios y práctica”.

Cuando el niño o la niña ya han sido dañados, se infligirán violencia a sí mismos, a las personas que los rodean, a las especies no humanas y al medio ambiente natural; también desempeñarán un rol en el mantenimiento de las estructuras de violencia y explotación (como lo son el sistema educativo y legal, así como el capitalismo) en los cuales ellos y ellas son tanto víctimas como perpetradores.

Donde la violencia se ha expuesto en otros contextos, ha llevado a movimientos de liberación (como el movimiento contra la esclavitud, el movimiento contra la guerra, las luchas contra el imperialismo, el colonialismo y el racismo, la liberación de las mujeres, las luchas por los derechos de los pueblos indígenas, el movimiento medioambiental, la liberación animal, las luchas por los derechos de personas con discapacidad y la lucha contra la homofobia, así como movimientos de solidaridad (en los que, por ejemplo, personas blancas actúan en solidaridad con personas de color, hombres pro feministas actúan en solidaridad con las mujeres; y humanos que actúan en solidaridad con especies no humanas y el medio ambiente natural).

Claramente, se llame como se llame, el movimiento de liberación de niños, niñas y adolescentes está muy atrasado. Y si bien un estatuto apropiado de las necesidades de los jóvenes podría incluir muchas disposiciones contenidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Niños y las Niñas, en última instancia, tal estatuto debería incluir disposiciones fundamentales que identifiquen la necesidad de vivir sin miedo y la experiencia de la violencia adulta en sus múltiples formas; y la necesidad que los niños y las niñas tienen de ser escuchados y que se les permita actuar de acuerdo con su propia voluntad; incluso cuando esto entre en conflicto con las preferencias de los adultos. Mientras no podamos reconocer y apoyar estas necesidades de los niños y las niñas, nos estaremos engañando respecto a la posibilidad de afrontar eficientemente las amenazas militares, ecológicas y económicas a nuestra supervivencia. Y el tiempo, claramente, se está agotando.

Entonces, para todos los jóvenes, en todas partes, mi promesa es esta:

*Yo reconozco que te inflijo violencia, especialmente cuando tienes sentimientos que me asustan. También admito que no te escucho ni confío en ti cuando me dices lo que necesitas porque me gusta fingir que sé más que tú, y me da miedo consentir que puedas tomar decisiones que entren en conflicto con normas o leyes sociales y tenga yo que actuar en tu apoyo, o incluso en tu nombre.

A partir de hoy, prometo que trataré de no seguir infligiéndote esta violencia, incluyendo la que llamo “castigo”, como pretexto de que no es violencia y haré todo lo que pueda para evitar que también otros adultos ejerzan violencia sobre ti.

También estoy de acuerdo con que nosotros, los adultos, hemos hecho un mal trabajo cuidándonos unos a otros, inclusive a todos nuestros hijos, y al planeta Tierra, tu hogar, y que tú vas a tener una vida cada vez más difícil a medida que el mundo natural continúe desmoronándose. Por lo tanto, prometo participar en los esfuerzos que se realicen para enfrentar todos estos problemas, tal como se describe en (inglés) ‘El proyecto Flame Tree para Salvar la Vida en la Tierra’. Puedes acompañarme en esto, si quieres.

También permitiré que hagas todas tus elecciones libremente de la misma manera que yo espero hacer las mías. Si cometes errores, si cambias de opinión, lo aceptaré como parte de tu aprendizaje y crecimiento. (Yo también cometo errores y cambio de opinión, ¡aunque me gusta simular que no es así!) Esto significa, por ejemplo, que si me dices que no quieres ir a la escuela (donde sé que otros adultos te dirán qué hacer en contra de tu voluntad, entonces no te obligaré a ir. Hay mejores modos de aprender y podemos resolver juntos cómo podrás hacerlo.

Si tenemos diferencias sobre qué hacer, prometo que hablaré contigo hasta que encontremos una manera que nos parezca justa a ambos. Cuando yo era niño, los adultos en mi vida no me dieron muchas opciones para lo que hice, por lo que tengo miedo de que hablar de algo signifique que “nadie me escuchará” y no obtendré lo que quiero. Pero trataré de confiar en que si te hablo honestamente sobre lo que necesito, entonces también me escucharás con atención y me ayudarás a obtener lo que yo necesito. Creo saber que si te escucho y soy justo contigo, y confío en que me escucharás y serás justo conmigo, entonces aprenderás a escuchar y ser justo con todos. Pero esto es difícil para mí. El conflicto a menudo ha sido aterrador.

No pretenderé que eres menos capaz que yo, aunque seas más joven, te trataré como a un igual, así como a los adultos nos gusta que nos traten como iguales.

Seré honesto contigo sobre lo que siento y lo que necesito.

Lo más importante de todo es que te prometo que te escucharé lo mejor que pueda. Léase ‘Nisteling: El arte de la escucha profunda’. Yo me asusto cuando tú estás asustado, enojado o triste, pero una parte de mí entiende que sientas miedo, enojo o tristeza (o algo más) cuando las cosas no son como quieres que sean, y que a veces, si las cosas van bien, estés contento, amoroso o feliz. Por supuesto, es más fácil para mí escucharte cuando estás contento, amoroso y feliz, ¡y desearía que estuvieras así todo el tiempo! Pero la vida no es así, ¿eh? También me asusta cuando me dices que papá, mamá o alguien que creo nuestro amigo te está maltratando, pero haré todo lo posible para escucharte y apoyarte para defenderte, de una manera u otra, de esta violencia. En mi corazón sé que escucharte significa escuchar lo que eres, como seas, y dejar que eso guíe lo que haces. Sin embargo, en el mundo adulto, esto no es fácil de hacer. ¡Pero lo intentaré! Esto significa, entonces, que tampoco trataré de asustarte por decirme la verdad cuando no me guste, ¡incluido lo que pienses de mí!

En pocas palabras, prometo que a partir de hoy, apoyaré a los niños y las niñas para que actúen según su propia voluntad. Quiero que sean libres y que sean todo para lo cual nacieron.

Ah, y finalmente prometo amarlos y respetarlos de la mejor forma que pueda, como creaciones únicas, hermosas y compasivas que tienen mucho que ofrecerle al mundo (siempre que los adultos no se interpongan en su camino). Ustedes son, indudablemente, hijos del Universo. Es evidente que tienen derecho a estar aquí.

Como adulto, ¿estarías dispuesto a hacer esta promesa también? ¿A quién se la harías?

Si no estás dispuesto a hacer esta promesa, ¿qué te dice esto sobre ti?

No hay duda de que si a cada niño y niña (o adulto, en realidad) les damos todo el espacio que necesitan para sentir, profundamente, lo que quieren hacer y luego dejamos que lo hagan (o que tengan los sentimientos que naturalmente tienen si alguien o algo les impide hacerlo) tendrán algunos resultados disfuncionales en el corto plazo. Esto se debe a que todos hemos sido alterados, en mayor o menor medida, por la violencia que hemos sufrido en nuestra vida. Pero escuchar profundamente a un niño o una niña desde su nacimiento (o comenzar hoy) y apoyarlos para que ejerzan su propia voluntad, llevará a un resultado global infinitamente mejor que el sistema de supresión, control emocional y castigo infantil que ha generado el mundo increíblemente violento en el que nos encontramos ahora.

Por supuesto, dados el extraordinario nivel de violencia que sufren los niños y niñas y su dependencia económica de los adultos; será difícil que surja algún tipo de movimiento de liberación de los jóvenes. Sin embargo, muchos contextos sociales todavía ofrecen algo de espacio, y los medios de comunicación social pueden ofrecer nuevas oportunidades para la organización política de los jóvenes. Hasta que se organicen políticamente, aquellos adultos que deseen actuar en solidaridad con los niños y niñas pueden hacerlo fácilmente haciendo una de las siguientes siete cosas o todas.

Primero, como algunos miembros individuales de otros grupos violentos / opresores antes que tú (como los blancos antirracistas y los pro-feministas que intentan eliminar su propio racismo o sexismo), podrías asumir la responsabilidad de identificar y eliminar progresivamente tu propia violencia contra los niños y las niñas (usando como guía la información anterior de “¿Por qué la violencia?” o, preferiblemente, escuchando a los niños y las niñas).

En segundo lugar, podrías aumentar tu conocimiento sobre la violencia contra los niños y las niñas y alentar o apoyar a otros, incluidas las instituciones, para que asuman la responsabilidad de poner fin a la violencia contra niños y niñas (tal vez pidiéndoles que consideren hacer la “promesa para los niños y las niñas” de más arriba).

Tercero, podrías escuchar a los niños y a las niñas (en silencio) con paciencia, amor y compasión cuando los niños y las niñas se sientan confiados para hablar (o de revelar, tal vez a través de alguna forma de expresión artística) sus experiencias de violencia y expresar sus sentimientos (incluso el miedo, enojo, tristeza y otros) causados por la violencia.

Cuarto, puedes organizar un foro seguro (facilitado por alguien con experiencia en escuchar eventos emocionalmente perturbadores) en el que algunos niños y niñas puedan compartir entre sí (hablando o mediante alguna forma de expresión artística) sus experiencias y sentimientos acerca de la violencia que hayan sufrido y presenciado.

Quinto, podrías apoyar los esfuerzos de los niños y las niñas para comunicarse y organizarse en torno al tema de la violencia de los adultos contra los niños y las niñas.

En sexto lugar, podrías ayudar a que niños y niñas tomen medidas cuando se sientan lo suficientemente animados para actuar contra la violencia de los adultos (o podrías actuar en nombre de esas criaturas cuando sean demasiado pequeñas o estén demasiado aterrorizadas para actuar por sí mismas).

Finalmente, puedes actuar solidariamente con el niño o la niña que hay dentro de ti. De niño, tú fuiste una víctima y nadie actuó en solidaridad contigo. Puedes aprender a escucharte a ti mismo cuando tengas sentimientos por las experiencias violentas de tu infancia o puedes hacer que una persona de confianza escuche lo que te sucedió. Con el tiempo, esto te hará más capaz de escuchar y ser un aliado de los niños y las niñas (incluso cuando te hablen de tu violencia contra ellos).

Si deseas unirte al movimiento mundial para poner fin a toda violencia, incluida la violencia contra los niños y las niñas, puedes firmar en línea (en español) “Estatuto de los Pueblos para Crear un Mundo No Violento”.

Se necesita valor para decir la verdad que nadie quiere escuchar.
Se necesita valentía para actuar en ello.

Este artículo, “Mi promesa a los niños y niñas “, se publicó originalmente en varios medios de comunicación progresivos en julio-agosto de 2013.

Fuente de este documento: https://feelingsfirstblog.wordpress.com/mi-promesa-a-los-ninos-y-las-ninas/

Advertisements